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El pez volador

Viernes, 2 de mayo de 2008 a las 6:00 p. m.

 El CENTRO CULTURAL CUBANO DE NUEVA YORK

En colaboración con

Cuban & American Student Association (CASA) of Columbia University

tienen el placer de invitarlos a la presentación de la novela histórica

El pez volador

escrita por el

 Dr. Eduardo Zayas-Bazán y Robert J. Higgs.

Esta novela histórica trata de la vida de Luis Recio, un joven idealista de la clase acomodada cubana que se suma a la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, se incorpora a la guerrilla de Fidel Castro en la Sierra Maestra, forma parte de su gobierno al triunfo de la Revolución y cuando se decepciona, se une al clandestinaje y más tarde participa en la fatídica invasión de Bahía de Cochinos.  A través de los ojos del protagonista somos testigos de la cadena de eventos que llevó a Cuba al comunismo.

 

 

Los autores han escrito una novela que es como una trampa hermética: una vez que te sitúas dentro de la historia no te puedes escapar.  Es un libro magnífico.

Carlos Alberto Montaner,

Periodista y escritor.

La mejor novela histórica que he leído sobre la Cuba contemporánea.

Victor Triay,

Autor de Bay of Pigs: An Oral History of Brigada 2506.

Entre los muchos logros de El pez volador se destaca el hábil engarce de acontecer histórico y devenir personal.  Cuba, lo cubano y los cubanos cobran vida en este – episodio nacional – narrado con fervor y astucia.

Gustavo Pérez-Firmat,

Profesor de Columbia University y autor de Next Year in Cuba.

Presentación de la novela a cargo del

Dr. Eduardo Zayas-Bazán

 Profesor Emérito, East Tennessee State University

Con una

Introducción a cargo del escritor y profesor

Gustavo Pérez-Firmat

Columbia University

Viernes, 2 de mayo de 2008 a las 6 p. m.

CASA HISPÁNICA / Columbia University

612 West 116th Street, 2do Piso

(Entre Broadway & Riverside Drive.)

New York, NY 10027

 

Este evento es gratis y abierto al público.

Espacio limitado / Por favor RSVP a CCC.NY@hotmail.com

 

Un profesor de cubanía

                                     Gustavo Pérez Firmat

 

Fernando Ortiz solía recordarle a sus compatriotas, a nosotros, que Cuba no es una isla sino un archipiélago. La mal llamada isla de Cuba en realidad se compone de millares de cayos, islas, islitas, islotes. Ortiz hacía hincapie en la complejidad geográfica de Cuba para sugerir que la cubanía no es una sino varia. La cubanía es múltiple, plural. Hay muchas maneras de ser cubano o cubana: tantas como hay islas en nuestro archipiélago; tantas, tal vez, como hay cubanos regados por el mundo.

Entre todos, hay de todo. Hay cubanos vivos, que saben donde el jején puso los huevos, y hay cubanos bobos, que no dejan de cogerse el culo con la puerta. Hay cubanos locuaces, de esos que hablan hasta por los codos, y los hay taciturnos, que ni siquiera dicen esta boca es mía. Los hay gregarios, como algunos de Uds.,  y los hay guajiros, como yo. Los hay cuerdos, los hay locos. Los hay “pesaos,” los hay gozadores. Entre todos, hay de todo. Es más, posiblemente a alguna gente le parezca que entre todos hay demasiado (pero esa gente seguramente no es cubana).

Pensaba en la multiplicidad de la cubanía a propósito de nuestro invitado de honor esta tarde, el doctor Eduardo Zayas Bazán. De las muchas maneras de ser cubano, la de Eduardo es una de las que más admiro. El otro día Perla Rosencvaig me recordaba que ella y yo nos habíamos conocido en casa de Eduardo hace más de veinticinco años. Creo que fue esa noche, también, cuando conocí a Eduardo, que si no me equivoco por esa época ya era jefe del departamento de lenguas extranjeras de East Tennessee State University, donde se desempeñó como profesor hasta jubilarse hace ya varios años. (También hay cubanos con suerte, que nacen de pie y se jubilan a tiempo.)

Pero a lo que iba: desde que lo conocí, Eduardo ha encarnado para mí las mejores cualidades de lo que alguien llamó the Cuban condition, la condición cubana. Y no me refiero sólo a su capacidad intelectual, ni tampoco sólo a sus rasgos de carácter – su generosidad, su entereza, su pasión por Cuba. Me refiero a algo más difuso pero que engloba todo lo precedente; a cierta manera de ser y de estar. Sin él saberlo, Eduardo me ha ayudado a aprender cómo ser cubano fuera de Cuba. A lo largo de los años, de su ejemplo he derivado actitudes, pautas de conducta, estrategias de adaptación – entre ellas esa combinación tan criolla de realismo y astucia que nos permite estar bien a pesar del malestar, del mal-estar, de vivir en un país que no es el nuestro y entre gente que no se nos parece.

Hace diez años tuve la suerte (ya saben la suerte es loca y hasta a mí me toca) de ser colegas con Eduardo durante un semestre. Estoy seguro de que durante ese semestre ninguno de mis estudiantes aprendió tanto de mí como yo de Eduardo, y sin que él se diera cuenta, porque con frecuencia las lecciones más valiosas se aprenden de quienes no están tratando de enseñarnos nada. Como Uds saben, Eduardo es el autor de dos de los libros de texto más usados en este país en cursos de español: ¡Arriba! y Conexiones. Las conversaciones que sostuve con Eduardo durante esos meses (algunos de cuyos temas la verdad es que no podría repetir aquí, in polite company) – esas conversaciones sobre temas diversos, pero en particular sobre nuestras conexiones con Cuba, fueron para mí no un curso de español sino un curso de cubanía. Un curso práctico de cubanía, o de cubanía práctica, parco en abstracciones pero lleno de contundente sabiduría cubiche. 

Y ahora ese curso se prolonga en El pez volador, la novela sobre la cual Eduardo nos va a hablar esta noche. No sé cuánto de ficción y cuánto de verdad habrá en El pez volador. Sospecho que, como sucede con toda buena novela, aún en la ficción hay mucha verdad; aún en la ficción hay un depurado acopio de vivencias y experiencias personales.

El pez volador narra un doloroso episodio nacional – la invasión de Playa Girón – que es a la vez la historia de un muchacho camagüeyano, miembro de una distinguida familia criolla, que llega a la madurez en La Habana de los años cincuenta y pocos años después, una vez en el exilio, regresa a Cuba con la Brigada 2506. Al igual que su protagonista, el autor, también camagueyano y de buena familia, participó en la invasión de Playa Girón, donde fue herido y después sufrió un año de prisión. Estos paralelismos podrían ser pura casualidad, o podrían ser, en lugar, causalidad pura. Ya él nos lo dirá.

Y como yo soy uno de esos cubanos taciturnos, de esos que callan hasta por los codos, ahora me toca hacer mutis y cederle la palabra a mi colega, a mi amigo y a mi profesor de cubanía, Eduardo Zayas Bazán. ¡Arriba, Eduardo!

 

 

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